Sammy Basso

Sammy nació el 1 de diciembre de 1995 en una pequeña ciudad al norte de Italia (Schio), cerca de Venecia. Nació tres semanas antes de tiempo, pero nada hizo pensar en que podía tener ningún problema hasta que a los 6 meses dejó de crecer. Nadie supo darles  a sus padres una explicación hasta que dos años después y corroborándolo con un análisis genético le diagnosticaron progeria. El médico les dió el diagnóstico y les dijo a sus padres Laura y Americo, que la enfermedad no tenía cura y que su hijo no viviría más allá de los 13 años.  Son una familia católica y se agarraron a su fe para luchar y mantener la mejor actitud posible.

Fue a la escuela como cualquier niño aunque pasando por operaciones a vida o muerte que no correspondían a su edad, al terminar el colegio decidió estudiar en la Universidad de Padua, empezó el Grado de Física pero un año después decidió cambiar a Biología para poder estudiar e investigar sobre su propia enfermedad, se graduó en 2017 como alumno Cum Laude. Ha sido aprendiz en el laboratorio del bioquímico Carlos Lopez Otín, quien investiga con ratones para descubrir un tratamiento que cure la enfermedad o que por lo menos la retrase y ya han conseguido alargar la vida de los ratones en un 26%.

Para celebrar que terminó la carrera se fue de viaje a Estados Unidos para hacer la Ruta 66 y, con las experiencias de ese viaje, escribió el libro El viaje de Sammy. A día de hoy, Sammy sigue vivo, es el paciente con progeria vivo más longevo y se dedica a investigar el tratamiento de su enfermedad. Él mismo dice, que pese a que no sirva para curarse a sí mismo, ayudará a otras personas en el futuro.

Sammy ha mantenido siempre una actitud positiva ante la vida, en una charla TedX a los 20 años comparó la aparición de la enfermedad como un muro en el camino, tenía dos opciones, pararse o aprender a saltarlo y ver que hay al otro lado. Él decidió saltar, centrarse en lo bueno que le ha traído la enfermedad, ha viajado y conocido a todos los demás enfermos, también a conocido a grandes investigadores y  los grandes centros de investigación. Es un ejemplo de fortaleza y actitud, él es consciente de lo corta que puede ser la vida, pero en eso no se diferencia de ninguno de nosotros. Simplemente él tiene algo que se lo recuerda cada día y le hace vivir todo intensamente. Esta historia no tiene un final escrito, al igual que nuestra historia, pero sí moraleja… Vive intensamente y disfruta de lo que haces sin necesidad de que haya algo que te recuerde que mañana puede ser el final porque es tu actitud la que marca la diferencia ante la vida. 

Podéis escuchar el audio aquí

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