Francisco Javier Balmis

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El 2 de diciembre de 1753 nace en Alicante, Francisco Javier Balmis y Berenguer, hijo y nieto de cirujanos. Cursó los estudios básicos y se decantó por la rama de Humanidades y Latín, pero a los 17 años decide ingresar en el cuerpo militar como practicante de cirujano. Tras cinco años ejerciendo como tal, se le otorgó el título de cirujano.

Su primer destino como cirujano militar fue Gibraltar, allí estuvo desde 1777 hasta 1781, cuando lo mandaron a México. Durante su estancia allí, se fijó en cómo las tribus indígenas trataban algunas enfermedades de transmisión sexual, estudiando los unguentos que se usaban fue descartando ingredientes hasta que encontró los verdaderamente efectivos, con esta información volvió a España en 1792 y publicó el libro “Tratados de las virtudes del ágave y la begonia” donde exponía sus investigaciones y resultados. Se ganó el respeto de la comunidad científica y del rey, por lo que Carlos IV le nombró su médico personal

Pocos años después de entrar en la Corte empezaron a llegar noticias desde América de la expansión de la viruela y la cantidad de muertes que esta enfermedad producía, el rey, que ya había perdido un hijo por esta misma enfermedad, conocía la existencia de la vacuna inventada por Edward Jenner gracias a Balmis. Era un experto en el tema y de confianza del rey, por lo que lo nombraron a él para capitanear la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que pasaría a llamarse “Expedición Balmis“. Se embarcó el 30 de Noviembre de 1803 en la “María Pita” con otros dos médicos, dos enfermeros, veintidós niños huérfanos y la rectora del orfanato hacia América, aunque harían una parada en Canarias.

El método que diseñó Balmis para mantener la activa la vacuna necesitaba a los niños, éstos debían tener una edad entre 8 y 10 años y no haber padecido antes la viruela. Fue inoculando la vacuna en los niños de dos en dos con una semana entre medias, cuando los pequeños presentaban las vesículas tomaba ese pus e inoculaba a otra pareja de niños, de esta manera tenían asegurada la llegada a las colonias españolas.

La primera parada fue Puerto Rico, de allí a Venezuela, y en Venezuela se dividió la expedición en dos grupos, uno de ellos capitaneado por otro médico llamado Salvany (el cual moriría en esta expedición) hacia el Sur y el otro, capitaneado por el propio Balmis, se dirigió hacia el Norte, hacia Cuba y México, desde allí partiría hacia Filipinas, Macao en China y la isla británica Santa Elena. En cada una de las colonias visitadas, no sólo vacunaban gratis a los niños si no que dejaban material de formación para que los profesionales adquirieran todos los conocimientos necesarios para poder seguir vacunando.

Al volver fue nombrado Inspector General de la Vacuna, y recibió el reconomiento a su buen hacer por parte del propio Edward Jenner. En México por poco rompen el proceso de vacunación por lo que tuvo que volver en 1809 allí para restaurar el protocolo de actuación, tras cuatro años volvió pero su salud ya no era la misma. Siguió trabajando como médico del rey, ahora para Fernando VII hasta que a los 65 años muere en Madrid, era el año 1819.

Él fue pionero en idear una manera de conservación de la vacuna y en usar una expedición para formar al resto de colonias en temas sanitarios, el reino de España fue pionero en realizar una expedición por el bien de la salud comunitaria, y la expedición en sí también fue pionera al llevar consigo a la primera mujer a bordo, la rectora de los niños. Yo de no haber sido por la historia del doctor Jenner y el estado de cuarentena actual, no habría conocido el nombre de Francisco Javier Balmis, tanto es así que pese a que se les rinde homenaje poniendo bustos suyos en la facultad de medicina poca gente, por no decir nadie, sabe quién es o qué hizo.

Creo que no sólo hay que recordar a quién hace el mal si no también a quien hizo un bien tan grande como este, a veces fallamos en que le quitamos valor a lo que hace alguien sólo porque consideramos que es su trabajo, cuando lo que debería importar son los hechos. Somos una sociedad mejor cuando compartirmos, cuando somos solidarios, cuando pensamos en el de al lado con respeto y empatía, no vivimos en un mundo donde todo es bueno, pero nos estamos volviendo cada vez más individualistas, usamos muchas redes pero perdemos el contacto real, no nos importa el de al lado ni valoramos la labor de los científicos lo suficiente. Cobra más un deportista que un investigador, sí, ya sé que genera mucho dinero, estoy de acuerdo, pero el investigador salva vidas y nos lleva al progreso. Volvamos a apostar por la ciencia, el conocimiento, el buen hacer, no seamos ilusos de pensar que los politícos vendrán a arreglarnos la vida, porque tu vida es tuya y sólo depende de ti. 

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